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El tiempo en la organización

Por carinastinga el en creatividad, eficiencia
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No es lo mismo el tiempo personal que el tiempo en una organización. Toma a esta última como un ecosistema en donde conviven todo tipo de personalidades, formas de comunicarse, momentos emocionales y necesidades vitales. Poder ver la organización como un ecosistema te permite dar cuenta de lo compleja que es en realidad, para así entender lo lento que debe ser el cambio si es que quieres llegar a buen puerto.

Hay que poner en línea una miríada de elementos diferentes, que tiran cada uno para su lado. Hay que alinearlos, hay que enamorarlos, hay que comunicar el cambio de rumbo y finalmente, hay que dirigir ese rumbo.

En estas épocas en que las organizaciones quieren ser Google (empleados motivados, autorregulados, autónomos y creativos), lo que se suele pedir es la receta mágica para llegar allí con los mínimos pasos y con el mínimo esfuerzo.

Como te imaginarás, en un sitio complejo como es una organización, no existen los atajos ni las soluciones mágicas. Todo se hace a base de insistencia, diseñando intervenciones con coherencia y trabajando en los cambios pequeños, que son los que llevan al cambio grande.

Hoy os hablo del tiempo en la organización, de cómo encajar esos individuos con sus necesidades y sus tiempos en esa gran estructura que es la empresa. Si quieres activar el ecosistema creativo, necesitarás revisar este aspecto fundamental.

Revisa el tiempo para ganar foco.

Revisa el tiempo para saber sintetizar.

Revisa para ser asertivo.

Revisa para crear la cultura de la autorregulación.

¿Cómo lo haremos? Trabajando estos 5 aspectos:

 

  1. Trazar afinidades al montar equipos

El uso del tiempo es uno de los factores que más nos acercan o nos alejan como colaboradores dentro de una organización. Si tú eres organizado y trabajas asertivamente por la mañana dejando lo menos importante por la tarde, no te irá bien hacer equipo con alguien que va dormido hasta las 11 y pasa correcciones y mails urgentes a las 6 de la tarde. Ese equipo está destinado al fracaso porque el ritmo vital es otro. Al montar equipos es importante conocer estas características de tus colaboradores y tenerlas en cuenta. El rendimiento es considerablemente diferente.

 

  1. Aprender a no meter prisas

Aquí empalmamos con la comunicación no verbal ya que la mayoría de las prisas están en el aire y a veces se transmiten por puras actitudes corporales, respiraciones entrecortadas, cuerpos tensos, hablar rápido o urgencia en las palabras que usamos para pedir algo. Es importante elegir las palabras como si fuéramos cirujanos, hablar despacio y respirar más a menudo como ejercicios básicos para inmunizarse contra el virus de la prisa.

El virus de la prisa es querer hacer todo con prisa y pretender que todo el mundo trabaje de la misma manera y con la misma urgencia.

Podemos llegar a enfadarnos porque alguien no acata este ritmo. Es muy poco habitual revisar lo absurdo del ritmo, que está impuesto sobre todo tipo de tareas.

 

  1. La paja y el ruido

Hablar mucho sin decir nada suele ser un terreno demasiado común en las organizaciones hoy día. Así mismo nos encontramos con quien va a una reunión y no ha preparado su parte, improvisa en el momento o necesita mucho tiempo para explicarse cuando el concepto a transmitir es básicamente sencillo. Todos estos son síntomas de ecosistemas que dejan crecer la paja y el ruido por doquier. En donde no se ha hecho la reflexión conjunta de cómo optimizar el tiempo, cómo trabajar de una manera más fluida y planificada y menos a golpe de pito. Se han asumido maneras de funcionar como buenas y en realidad son patológicas ya que llevan al estrés crónico y no permiten que florezca un ambiente en donde pueda tener lugar la innovación y la creatividad.

Si no tienes el foco y el tiempo trabajados, no habrá sitio para la deriva creativa.

Porque es una deriva… y porque en tu esquema de tiempo, no le darás el lugar que necesita al tener arraigada la creencia de que estás perdiendo el tiempo.

 

  1. Trabajar adicitivamente

Te habrás dado cuenta que nos la pasamos haciendo, produciendo y ocupados. Esto tranquiliza a los jefes, nos tranquiliza como organización. Nos creemos de verdad que por estar haciendo, estamos dirigidos hacia algún sitio. Muchas veces esto se acentúa si empalmamos con individuos que sufren de dependencia extrema del trabajo, esto es, el trabajo para ellos es la razón única y esencial de su vida y todo gira en torno a eso. Estos individuos suelen marcar el tempo de los equipos y de las organizaciones porque, en vez de verlos como lo que son (desorganizados, déspotas, poco planificados), socialmente se los emula porque “trabajan mucho”.

No es verdad que trabajan mucho, la verdad es que trabajan mal.

Como cualquier adicción, la adicción al trabajo es igual de nociva y debe cortarse, o al menos dejar a ese individuo aislado y no darle más poder emulando su modo disfuncional de actuar.

 

  1. Planificar

Si hay un sitio donde de verdad falla el tiempo es en el diseño anterior de qué haré con el tiempo y cómo lo utilizaré. Planificar es diseñar el uso del tiempo, definir cómo se desarrollará un proyecto adjudicando este recurso a un equipo concreto. Planificar es definir tiempos sensatos y no arbitrarios. Planificar es tener en cuenta quiénes forman parte del proyecto para buscar el mejor modelo en donde esas personas, con esas características de tiempo únicas puedan coordinarse y brillar.

El hacer sin planificar es uno de los virus mas extendidos en las organizaciones y el que hay que atacar antes.

En nuestros cursos de activación del ecosistema creativo proponemos técnicas y metodologías para ganar foco y asertividad, dos elementos imprescindibles cuando te sumerges en el proceso creativo. No se trata de repetir conceptos para que todo siga igual sino de empoderar individuos para que lleven las organizaciones al cambio y la innovación constante.

Somos entusiastas de este nuevo paradigma social y queremos ser parte del cambio en las organizaciones. Bienvenido a la era de los intangibles.

 

 

Después de 20 años moviéndome en el mundo del diseño gráfico y la comunicación visual, he aprendido que los diseñadores tenemos mucho por aportar al mundo de la empresa y no es solo un logo bonito. Pensamos diferente, replanteamos el mundo, vamos por libres, estamos conectados con nuestro lado creativo. Tenemos activos que pueden utilizarse y aplicarse en el dia a dia empresarial. He aprendido a ser coach de emprendedores y a situar su estrategia comercial. Soy una profesional 2.0, que trabaja con la fórmula WOD (work on demand), montando equipos cuando los proyectos lo necesitan ya que cuento con mi propia red de networking profesional, por eso puedo ofrecer un precio competitivo para un servicio de altísima calidad.

Y tú, eres un emprendedor 2.0?

Carina Stinga / Comunicación y estrategia visual

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