Nos han cambiado el ecosistema y estamos rodeados de distracciones. Nuestra atención es como una mariposa que va de flor en flor, sin posarse en ninguna, pero paseando constantemente de un estímulo a otro, y a otro, y a otro.

Lo que es válido para mi es válido para el de al lado, que vive igualmente distraído y sin atención. Lo que es válido aquí es válido para la comunicación, que se ha vuelto gritona, visual y grotesca porque sino no hay quien la mire.

Este fin de semana he visitado el Monasterio de Sant Pere de Rodes, de la época medieval y he visto esas imágenes que se producían para explicar la vida de Dios a las gentes bastas que no sabían leer. Una imagen que lo contenía todo, que siempre tenía un mensaje dirigido a captar la atención, a resumir un concepto, a trasmitir un dogma.

Se me ha ocurrido que estamos viviendo en una era muy similar. En la Edad Media no sabían leer y por lo tanto había que recurrir al lenguaje visual de las imágenes para poder enseñar y explicar doctrinas.

En esta época actual el alud de información es tan ingente, que es como si no supiéramos leer, porque de hecho, no podemos leer y procesar todo lo que pasa alrededor.

En esos momentos la comunicación visual se vuelve basta, grosera y gritona. Ya no hay metáforas porque nadie tiene el tiempo de absorberlas. Sólo hay parafernalia, luces, colores llamativos.

La comunicación visual refleja en buena medida el medio en el que vivimos. La historia del arte es muestra de ello. Cada vez que vas a un museo, aprendes mucho más que colores y formas, porque todo pasa en un contexto, en medio de un momento histórico único y porque, sin ese momento, esa obra no tendría sentido.

Imagina que nos vamos al futuro y que observamos cómo vive el hombre de principios del siglo XXI. Vive ahogado en estímulos que le llegan. Además, como ya casi no existe la cultura de la iglesia ni del retraimiento, el hombre moderno está sobreexpuesto a esos estímulos. No lo sabe, pero esa hiperestimulación lo cansa y lo agota, le hace perder foco. Hay que usar una milésima de segundo para descartar un mensaje, porque el bombardeo nos exige un nivel primario mínimo de descarte, que nos consume muchísima energía.

No sé cuándo hemos perdido el guía interior pero realmente esta es la época idónea para recuperarlo. Cualquier afición íntima, personal y tranquila sirven, desde convertirse en observador de aves, a apuntarse al yoga o al pilates, hacer un curso de fotografía o caminar por el monte.

Necesitamos volver a aquello que nos desconecte del bombardeo, porque ya no leemos, como no leían los campesinos medievales.

Nuestro caso es más grave, ellos no sabían, nosotros simplemente nos hemos dejado arrastrar por las luces y la parafernalia y a eso le llamamos modernidad.

La próxima vez que te cruces con un texto y te venga el pensamiento de “puf, mucho texto”, recuerda que aquello que no lees por tu pie, habrá quien te lo explique en simple, bonito y dogmático. Aprende a fitrar el mundo, pero no le pases por alto. La distracción es enemiga de la atención. La distracción nos hace bastos y groseros como el tipo de comunicación visual que consumimos en este siglo XXI.

Carina Stinga

Visual Thinking Process

Profesora UOC | Mentora BCN Activa

Ayudo a empresas, organizaciones y profesionales a tener una identidad visual adecuada que fomente una comunicación acertada y permita enamorar a su público.

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